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¿Qué hay detrás del acuerdo porcino con China? 2

Para adentrarnos en este debate central para la época que viene, y a fin de seguir colaborando en la construcción de una izquierda ecosocialista, entrevistamos a Guillermo Folguera, biólogo y filósofo, investigador del CONICET e Integrante del Grupo de Filosofía de la Biología

Le hicimos tres preguntas:

  1. En cancillería anunciaron una postergación al acuerdo con China para incorporar reformas por regulaciones ambientales ¿Qué se puede puede esperar de dichas reformas?
  2. ¿Qué implicancias tiene para la salud de la población el consumo de harinas hechas a base de este nuevo trigo transgénico y con agrotóxicos? ¿Qué consecuencias para las poblaciones de las zonas de producción?
  3. ¿Representa el acuerdo de producción de cerdos para China una alternativa al proceso de sojización y re-primarización de la economía?

Aquí van sus respuestas:

La historia de la inclusión de los temas ambientales, nos sirve no solo para contextualizar, sino para adelantar que se podría esperar con algún elemento más que se puede mencionar. Inicialmente se planteó desde la Cancillería que este acuerdo iba a incluir temáticas ambientales, pero cuando se dio toda la presión del caso se decidió postergar, el supuesto acuerdo que se iba a firmar, incluyendo esta cláusula ambiental. Esta cláusula desnuda, entre otros elementos, algo que Cancillería le explicitó a los Diputados Del Caño y Bregman, respecto a que ni el Ministerio de Ambiente ni el Ministerio de Salud estaban participando de los diálogos. Eso de alguna manera pone en evidencia que estos tipos de acuerdos, en general lo socio-ambiental ocupa un lugar secundario.

El otro punto que también devele ese carácter secundario, lo pone en juego la nueva estrategia que ha elegido el Gobierno Nacional, que es delegar los acuerdos a las Provincias con, supuestamente, privados provenientes de China. En ese sentido no solo, no pagarían el costo político, sino que no habría una firma general de un Memorandum, con lo cual el tema ambiental en general en un acuerdo de este tipo tendría un lugar absolutamente secundario.

Y el tercer punto, es que en general los temas ambientales anticipan la problemática y quedan supeditadas. No es el caso acá, acá solo aparece como una cuestión formal. No hay ninguna explicitación respecto al lugar: es lo mismo una megafactoría de cerdos en el Chaco – con la sequía que tiene y el nivel de precarización social -, es lo mismo que el norte de Córdoba, que Tucumán, que la Provincia de Buenos Aires. Y no, ambientalmente no es lo mismo. Entonces ¿Qué significaría esa cláusula ambiental? Por lo pronto es muy poco lo que se puede esperar en torno a esto, teniendo en cuenta estos tres ejes que menciono.


El caso del trigo modificado genéticamente para tener resistencia a sequía, con esta tecnología HB4 y que forma parte paquete tecnológico con glufosinato de amonio, en general, se enmarca en proyectos tecnológicos que en Argentina se han montado hace unos 25 años.

Hay 2 partes de la respuesta: la primera tiene que ver con las implicancias que puede tener el trigo transgénico, en términos de salud, donde los estudios son muy escasos. Te estoy hablando del efecto particular del transgénico. Para la salud hay realmente muy pocos estudios, hay muy poco cuidado respecto a los potenciales efectos y, en ese sentido, es mucho más lo que no se sabe que lo que se sabe. Es mucho más lo que se asume que lo que se sabe. Lo que rige en Argentina, en aprobación, es una especie de decreto (supuesto), que señala que, si químicamente son equivalentes, entonces el efecto va a ser equivalente. Lo cual se llama el principio de equivalencia sustancial. Esto no es una información científica ni tiene que ver con una cuestión derivada del saber, sino simplemente un presupuesto que apunta a señalar que la neutralidad de los transgénicos es algo esperado en función de que químicamente se comportan igual a organismos no modificados. Eso respecto a los transgénicos.

Respecto al herbicida, el glufosinato de amonio, la discusión es bien diferente. El glufosinato de amonio es un herbicida, un veneno. Los venenos por definición envenenan, independientemente que sean herbicidas. Hay un efecto directo sobre los seres vivos, incluidos los que no son plantas. En particular, el glufosinato de amonio se ha señalado que tiene una toxicidad varias veces más elevada que el conocido glifosato: creo que 15 veces dijo Damián Marino (Investigador del CONICET). Entonces estamos hablando de un veneno que envenena fuerte, que va a ser arrojado en invierno (con lo cual va a haber venenos todo el año), que además genera efectos de interacción (estos efectos entre químicos son un problema muy serio) y entonces uno esperaría, tanto respecto a lo que se sabe del glufosinato de amonio, como potenciales riesgos respecto al trigo transgénico, daños para los cuerpos como para los territorios. Hay un efecto ambiental muy marcado, una degradación en el suelo, una degradación en organismos que son claves, como son las abejas.

En el contexto actual de modelo agroindustrial impuesto es un salto cualitativo que va a implicar consecuencias dramáticas en sus potenciales efectos y que además no pueden garantizar, en ningún caso, que no haya contaminación. Por lo cual tampoco queda a disposición de los productores elegir, por más que no está ahí la solución del caso. Tanto las consecuencias ambientales como las consecuencias asociadas a la salud no son positivas.


Respecto a si el acuerdo de producción de cerdos para China es una alternativa del proceso de sojización y reprimarización de la economía, evidentemente la respuesta es no.
China ha cambiado los patrones de consumo, en la medida que está vinculado con procesos demográficos internos muy marcados. Procesos que son globales pero que en China ha tenido una enorme migración hacia los sectores urbanos. Los números son impresionantes: creo que en 1950 un cuarto de la población China era urbana, en el 2012 es mitad y mitad y se espera que en 20 años tres cuartos sean urbanos. Entonces tenemos un cambio de patrón de consumo de una población gigante. En ese contexto también China perdió casi la mitad de la producción porcina, producto de este virus circulante (la fiebre porcina africana) y le generó una debacle y una necesidad de recuperar ese consumo.
No hay mayor evidencia o elementos para pensar que China no está buscando simplemente externalizar los costos y riesgos de la producción de chanchos en función de lo que le paso. Por más que Argentina le resulte barato, evidentemente todo el tema de transporte encarecería el producto. Y, aún así, China está dispuesta a invertir para tener los costos lejos de su territorio. En ese sentido la producción de cerdo va a pasar a ser un commodity más, así como lo es la soja, como lo es el salmón y el cobre en Chile, o como lo es el maíz o el trigo. Son productos que son commodities, que inclusive en algunos casos van a la bolsa de valores y actúan como tal. Independientemente que para los productores puede implicar algún tipo de ganancia directa, porque en lugar de tener la soja para venderla la insertan directamente en el mercado de producción cárnica, no hay una alteración cualitativa de la economía.

Respecto a si es una alternativa al proceso de sojización, no solo no lo es, sino que es una consolidación. Porque los cerdos consumen soja, consumen maíz y soja, es una parte importante de su dieta. Con lo cual, sumado a que hubo ya un señalamiento de que están buscando lugares donde puedan cultivar, para evitar los transportes, lo único que podemos esperar de un proyecto de este tipo es un incremento en la producción de soja y de maíz. Y un incremento en las deforestaciones. Es muy probable que haya una nueva intensificación de la deforestación. No hay ni novedad cualitativa respecto a la cuestión económica ni hay una alteración de los patrones de producción en Argentina, sino una profundización.