Democracia Socialista
31/03/16
En el día de ayer el Senado sancionó la ley que permite al gobierno de Macri pagarles a los fondos buitre y tomar una deuda multimillonaria. Esta nefasta medida hipoteca nuestro futuro, lesiona la soberanía popular y profundiza la dependencia económica. En un marco signado por el tarifazo, los despidos en el sector público y privado y la visita de Obama a Argentina, la orientación global del gobierno de Cambiemos queda clara: aspiran a imponer una derrota del movimiento popular en toda la línea, haciendo del Estado un instrumento de la clase dominante y los sectores concentrados, subordinándose directamente a los intereses del capital transnacional y los Estados Unidos, avanzando sobre las (fragmentarias y parciales) medidas progresistas impuestas o conquistadas en los últimos años.
Ante este escenario, la mayoría de los senadores del Frente para la Victoria votó a favor, respaldando la política anti-popular y de ofensiva capitalista de Macri. En contra de su propia base social, que se convoca y llama a “resistir” la ofensiva neoliberal en curso, la mayoría de los senadores y una parte importante de los diputados elegidos por el Frente para la Victoria, sin una dirección clara y bajo el manto de la “libertad de acción”, optó por hacerle el juego a la derecha gubernamental.
La decisión no constituye un hecho aislado ni una casualidad. Responde a la crisis del kirchnerismo, que fuera del Gobierno se va fragmentando cada vez más en la interna del PJ, quedando desdibujado en los tejes y manejes del más rancio peronismo conservador. Más profundamente, esta traición a la vocación de resistencia de la base social kirchnerista se enmarca parcialmente en la tradición política del propio gobierno saliente. No olvidemos que antes del conflicto con los buitres, el kirchnerismo se declaró “pagador serial”, reconoció y pagó una buena parte de la deuda externa argentina. El kirchnerismo y el macrismo no fueron lo mismo ni se convierten en lo mismo por esta (nueva) perfidia de parte de la bancada opositora. Pero la situación actual muestra a todas luces no sólo la crisis política de la fuerza saliente y su perfil cada vez más desdibujado en el seno del PJ, sino incluso sus límites intrínsecos. El kirchnerismo en la oposición está probando que no es, ni fue, un proyecto emancipador para nuestro pueblo, que sus medidas populares sólo alcanzaron a un tibio redistribucionismo y que nunca estuvo dispuesto a enfrentar seriamente al establishment nacional e internacional.
El último 24 de marzo, ante la provocación de que estuviera Obama en Argentina y movilizados por la brutalidad de la ofensiva macrista contra la clase trabajadora y los sectores populares, decenas de miles de personas tomamos las calles. El movimiento popular en Argentina no está derrotado y muestra reservas de energía y capacidad organizativa para enfrentar lo que se viene. Sin embargo, el movimiento se encuentra sin una dirección política que le permita pasar de la resistencia a la ofensiva, del rechazo a Macri al planteo de un proyecto de sociedad propio. La dirección del FPV se está dividiendo entre sectores que no han logrado enmarcar la resistencia social en una estrategia que vaya más allá de tímidas movilizaciones, y sectores burdamente traidores a la hora de representar al movimiento popular. Corremos el riesgo de que el sostenimiento de esta situación se convierta en un factor de desmoralización y desmovilización del movimiento popular. Por eso es preciso construir una experiencia política que lo supere.
Hoy más que nunca se impone la tarea de construir ese proyecto político emancipador para nuestro pueblo, que pueda enfrentar sin mezquindades la ofensiva macrista pero que sea, también, superador de la dirección kirchnerista y sus límites. Un proyecto que esté dispuesto a ir hasta el fondo con su vocación transformadora, que no se detenga ante los intereses creados y que exprese políticamente la vocación de resistencia de cientos de miles de argentinos y argentinas que saben que el camino del ajuste, los despidos, el tarifazo y el endeudamiento sólo favorecen a unos pocos.
Necesitamos unidad para luchar contra Macri y su ofensiva, pero fundamentalmente necesitamos un proyecto político que venga a patear el tablero y que exprese a los cientos de miles de compañeros y compañeras que aspiran a una realidad diferente. Parte importante de esos compañeros y compañeras votaron al Frente para la Victoria en el último balotaje y se saben traicionados por su dirección, otra parte votó en blanco, no viendo alternativa real entre los candidatos del establishment. Es preciso unir a todos/as esos/as compañeras y compañeros en un proyecto superador, que no esté supeditado ni al PJ ni a la dirección kirchnerista en retroceso, que convierta la resistencia al macrismo en una situación de ofensiva para las clases populares.