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Es preciso pensar en salidas democráticas para esta crisis

Por Larissa Rahmeier

Traducción de Silvia Said para Democracia Socialista

El último domingo asistimos al mayor acontecimiento político desde la dictadura militar. En medio de la mayor crisis política del país desde la Nueva República, sectores de la burguesía, los grandes medios y el poder judicial orquestaron y avanzaron en la aplicación de un verdadero golpe institucional. No hay crimen de responsabilidad fiscal por parte de la Presidenta Dilma, las “pedaleadas fiscales”[1] no constituyen un crimen, y de serlo, todos los gobiernos deberían haber sufrido juicios políticos a lo largo de la historia, incluso los tucanos Beto Richa y Geraldo Alckmin.

El hecho es que el gobierno del PT ha cavado su propia fosa en estos últimos 14 años. Se alió a la burguesía, no avanzó con reformas estructurales y esto lo condujo a un golpe de aquellos con quienes se alió. El PT renunció a muchas cosas en nombre de la gobernabilidad. Hoy, el mismo medio que televisó el golpe, la Red Globo, es el mismo en el cual el gobierno invirtió más dinero, incluso más que en el gobierno de Fernando Henrique Cardozo, al mismo tiempo que no avanzó en la democratización de los medios de comunicación. Es imposible avanzar en una sociedad más democrática si los mayores vehículos de información están bajo el dominio de los oligopolios de apenas 5 familias brasileñas.

Eduardo Cunha, presidente de la Cámara, enemigo número una de la juventud y que está envuelto en diversos escándalos por corrupción, con millones de dólares en Suiza, condujo el proceso del impeachment de forma ilegítima. El Congreso Nacional mostró su verdadera faceta, la del Congreso más conservador desde 1964, con discursos de odio, fascistas, reivindicando la tortura, Dios, sus familias, a la Constitución y la bancada evangélica, mientras escondía por detrás el verdadero acuerdo de un gobierno de coalición entre PMDB y PSDB, alegando librar al país de la corrupción. Ahora las partes que están involucradas en el lavado de autos, el saqueo de la seguridad social de los funcionarios públicos y el mal uso del dinero para el almuerzo escolar, parecen una verdadera broma de mal gusto. Este Congreso podrido y desmenuzado no tiene legitimidad para dirigir y decidir el rumbo del país.

Si el ajuste fiscal del gobierno de Dilma erosionó las áreas sociales y los derechos de la población, con el gobierno de Temer esto tendrá otras dimensiones. Será un ajuste fiscal más duro y acelerado, con mayor recorte de derechos. Esta semana ya está anunciada la votación sobre la reducción de minoridad penal en el Senado. Serán tiempos aún más difíciles.

Frente a un gobierno con una tasa de impopularidad altísima, un Congreso Nacional en que casi un cuarto de los parlamentarios está envuelto en escándalos de corrupción y un posible gobierno de Temer electo de forma indirecta, nadie cuenta con el apoyo de la población.

Por eso es preciso pensar en salidas democráticas para esta crisis. La salida para la crisis solo puede ser con mayor democracia, con más participación popular, donde el pueblo decida los rumbos del país. La coyuntura es compleja y dinámica. Dilma dijo recientemente que afrontaría un debate de nuevas elecciones con la condición de que el Congreso Nacional abriese también a discusión sus mandatos. Y ella está en lo correcto. Si Dilma no tiene más sustento ni apoyo popular para seguir a cargo de la presidencia, tampoco Temer o el Congreso Nacional lo tienen.

Es necesario profundizar nuestra democracia y no será con ajuste fiscal, con antiterrorismo, con reforma de pensiones. Será con más democracia. Con la democratización de los medios de comunicación, de la tierra, del poder, de la economía, de las ciudades, con más participación de mujeres, negros y política LGBT.

Los estudiantes de San Pablo, Goias y Río de Janeiro, las mujeres de la Primavera Feminista que ocuparon las calles en el 2015 por #ForaCunha, la huelga de los estatales de Río de Janeiro mostraron que el camino de la juventud es de lucha, radicalidad, de profundización de la participación democrática en los diversos espacios, sean las escuelas, las calles y las redes sociales. Y como fuerza de la juventud y del pueblo, ocupando las redes y las calles es que nosotros vamos a avanzar por nuestra democracia.

¡Por eso, la salida para la crisis tiene que ser por la izquierda, sin medidas impopulares y con más democracia!

Por Larissa Rahmeier, Directora Ejecutiva de UNE de Derechos Humanos e integrante de la Coordinación Nacional Insurgencia.

[1] Expresión inventada por la prensa para describir las operaciones financieras entre ministerios, empresas estatales y organismos de gobierno.