Eduardo Lucita*

El último tramo  está por concluir y el domingo es la elección definitiva. El debate se desenvolvió en el marco de una gran politización social, pero no estuvo a su altura. Quedan muchas dudas y algunas certezas.

Tranquilidad estimado lector, cuando este ejemplar llegue sus manos faltarán solo algo más de dos días para que el extenso y agobiante proceso electoral haya llegado a su fin y finalmente sepamos quién será nuestro  presidente por los próximos cuatro años.

Múltiples elecciones municipales, provinciales y nacionales, primarias, primeras y segundas vueltas,  denuncias y normalizaciones han abundado en este 2015. Si por algo se destacaron las campañas es por lo insustanciales, por la falta de ideas, de propuestas y, peor aún, por el preocupante bajo nivel político-cultural de la gran mayoría de los candidatos.

Politización tardía

Hay sin embargo algo que rescatar. Los sorprendentes resultados del 25 de octubre pasado, especialmente en la estratégica Provincia de Buenos Aires que congrega algo así como el 37 por ciento del electorado, tuvieron el efecto de extender la discusión política más allá de los núcleos militantes de las distintas fuerzas en pugna.

Efectivamente esos resultados forzaron el balotaje: Un balotaje que tiene la particularidad que los dos candidatos seleccionados por el voto no pueden dejar de tener presente al tercero, que obtuvo un caudal de votos significativo y entonces está en condiciones ya no de negociar alguno que otro puestito como contrapartida de orientar a sus votantes, sino políticas públicas. No conozco experiencia internacional en este sentido. Por otra parte obligaron a un inédito debate entre candidatos presidenciales.

¿Hubo debate?

Se estima que el 10 por ciento de los ciudadanos habilitados para votar no han definido su voto todavía, se suponía que el debate los ayudaría en esa decisión, parece difícil lo hayan logrado. Las intervenciones de los dos candidatos parecieron estar más destinadas a fidelizar sus votantes que ha conquistar nuevos. No aportaron ninguna novedad, ninguno arriesgó, se aferraron al libreto estudiado, no respondieron las preguntas del otro. En realidad se hicieron preguntas a sabiendas que no serían respondidas. En general se limitaron a exponer sintéticamente lo que ya ha venían desarrollando en la campaña en términos de algunas propuestas y cuestionamientos al otro. Así el eje de Daniel Scioli no fue otro que la gran devaluación que oculta, y realizará si gana, Mauricio Macri. Este por su parte puso énfasis en demostrar que Daniel Scioli forma parte inescindible del kirchnerismo. El candidato del FpV solo responde que quiere discutir para adelante, obviando que desde hace doce años ha ocupado cargos importantes en este gobierno que termina, mientras que el de Cambiemos niega la devaluación y el ajuste mientras manda a callar a sus economistas. ¿Cuál ha sido entonces la importancia de este debate? pues el debate mismo, no mucho más. A tal punto que los principales analistas dedicaron horas a analizar el lenguaje corporal, los gestos, el movimiento de las manos. Si uno estaba nervioso o preocupado y el otro demasiado soberbio y canchero,  etc.etc.

Se caracteriza al acontecimiento de histórico, y realmente lo fue por ser el primero en nuestra historia, y también porque al ser transmitido por todos los canales de aire y algunos de cable, más otros medios radiales y aún por internet, se convirtió en una verdadera cadena nacional que logró picos de rating del 52-54 por ciento. Pero no por otra cosa.

De eso no se habla

Si algo caracterizó al debate fueron los temas ignorados. Estructurado en cuatro bloques  en dos de ellos preveía el tema: Argentina en el Mundo. No mereció mayores referencias, un presidenciable que se precie de tal, debe  hacer pública su visión de la inserción económica y política del país en el mundo, que no se resuelve echando a Venezuela del Mercosur o con el memorándum con Irán. Más aún cuando 48 horas antes ocurrieron los atentados en París y no son poco los analistas internacionales reconocidos que ven un aumento en las tensiones bélicas en el mundo y han comenzando a señalar que pueden desembocar en una contienda militar de proporciones. Ninguno se refirió a esto, menos a la crisis económica mundial y como pararse frente a ella. El 30 de este mes iniciará en París, otra vez París, la COP 21. La Cumbre del Cambio Climático que discutirá un plan para contener el calentamiento global. ¿Tampoco tenían nada para decir sobre una cuestión que tiene que ver con el futuro de la humanidad, nosotros incluidos?

En el plano interno la desigualdad social no entró en las preocupaciones de los contendientes, justamente cuando los datos de organismos internacionales muestran que en todos nuestros países la pobreza bajó pero la desigualdad se ensanchó. Tampoco la precarización laboral, tema casi excluyente en el mundo del trabajo; menos aún el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. En cuestiones de género al menos Scioli sí habló de la violencia y de la Ley de Fertilización Asistida, un verdadero logro.

Se puede seguir enunciando temas ninguneados pero no es necesario, con los mencionados es suficiente. Cierto es que el formato del debate no daba para mucho más que simples enunciaciones y que la duración de hora y poco mas pautada es un tiempo muy estrecho. Pero ese formato no fue impuesto por la ONG que convocaba, contó con la aprobación de los dos participantes, fue producto de un acuerdo que incluía los temas que no se debatirían.

Finalmente el último acto

Suele decirse que un debate no hace ganar una elección. Pero sí puede hacerla perder. Pues bien aquí nada parece haber modificado sustancialmente el cuadro previo y se ingresa al último acto con la misma incertidumbre. Sin embargo sí tenemos algunas pocas certezas: a) Argentina ha pegado un giro conservador, que se acentuará cualquiera sea el resultado del acto electoral de este domingo. b) La economía marcha a un ajuste – que resulte gradual o de shock no depende tanto de la voluntad de los equipos que les toque administrar los asuntos del Estado, sino de la evolución de la crisis mundial y de las contradicciones internas. c) Se regresa al endeudamiento externo. El tiempo que se demore en conseguir financiamiento -siguiendo el curso ya trazado por el actual equipo económico y hasta ahora trabado por el juez Griessa- será decisivo.

Conviene recordar que el capital no puede resolver la crisis –su crisis- y crear empleo al mismo tiempo; no puede crear empleo y controlar la inflación; no puede controlar la inflación y en paralelo incentivar el consumo, sin moderar la tasa de ganancia de los formadores de precios y tener cierto control sobre la emisión monetaria. El estado actual de cosas puede prolongarse en el tiempo, como viene logrando el actual equipo económico que desde hace dos años solo administra las variables tratando de que ninguna se desborde más de lo que está, pero finalmente todo tiene un límite.

Por estos días ha circulado la versión de que en la derrota del FPV en Provincia de Buenos Aires tuvieron una acción decisiva determinadas parroquias y curas bonaerenses. Recientemente una reconocida diputada oficialista mencionó las “cadenas de oración” favorables a la candidata de Cambiemos. Por último este fin de semana 50.000 evangelistas se congregaron en Tecnópolis y elevaron sus ruegos por el futuro del país. Las iglesias parece también mueve sus fichas, no vaya a ser cosa que entre tanto rezo y oraciones nos termine gobernando algún demonio.

Los próximos meses dirán si ingresaremos en tiempos revueltos.

*integrante del colectivo EDI – Economistas de izquierda