DECLARACIÓN DE LA EMERGENTE Y DEMOCRACIA SOCIALISTA

“(…) buenas noches Historia agranda tus portones entramos con fidel con el caballo”. (Juan Gelman)

El día de hoy se ha teñido de profunda tristeza para los pueblos de América Latina y el mundo, para aquellxs que soñamos con un mundo sin oprimidxs ni opresorxs. Hoy nos toca despedir al Comandante, al guerrillero del tiempo, al imprescindible Fidel Castro Ruz. Hablamos, con la emoción sentida de cualquier militante, de la partida de un gran líder revolucionario. Fidel es y seguirá siendo “el gran culpable”, el hereje del siglo pasado. Aquel que supo demostrar que emprender un proceso revolucionario requiere, ante todo, de un profundo sentido del momento histórico, de la voluntad y la audacia para cambiar todo lo que deba ser cambiado, de crear. Porque si no inventamos, erramos.
Aquella gloriosa revolución cubana con Fidel a la cabeza, faro de nuestros pueblos, es un claro ejemplo de que se puede construir socialismo a escasos metros del corazón del imperialismo. Ha manifestado que el internacionalismo y la solidaridad de nuestros pueblos son condiciones fundamentales para la construcción de esas mujeres y hombres nuevos de las que nos hablaba el Che.
Hoy, puede que amanezcamos con la profunda tristeza de que se nos ha ido un referente, de que somos menos lxs pocxs, lxs necios. Pero, no. Como señalaba Martí, aquel del que tanto se vale la gloriosa revolución, toda muerte es principio de una vida. El legado de Fidel, sus acciones, obras y discursos, ya nos pertenecen. Creemos que hoy no es un día para hacer balances críticos. Es nuestro deber histórico seguir alzando las banderas que bregan por la segunda y definitiva independencia; por el socialismo y el feminismo. Porque, como decía el comandante, las banderas de la revolución y el socialismo no se entregan sin combatir. Porque aquellxs que mueren peleando, viven en cada compañerx. Esa tarea demanda nuestra unidad.
Lo que les diría a mucho de los que dudan, o nos condenan porque tengan determinadas ideas, es que mediten cómo este pequeño país ha podido resistir casi medio siglo las embestidas de las más poderosa potencia. Eso no se puede lograr sino sobre la base de principios, sobre la base de las ideas, sobre la base de la ética. (…) Porque la revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo un caudillo, no se concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el jefe se lo pide. La Revolución se basa en los principios. Y, las ideas que nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo” (Fidel, 2006).

¡Socialismo o Muerte, Venceremos!