Pueblo en Marcha

Quienes construimos Pueblo en Marcha (Frente Popular Darío Santillán, Democracia Socialista, el Avispero y el MULCS) venimos planteando la necesidad de construir un amplio polo de izquierda y, con ese objetivo, realizamos recientemente un encuentro en la Facultad de Ciencias Sociales y luego llegamos a un acuerdo político con el PO e IS para sumar compañeros y compañeras a las listas y a la campaña del FIT en la Ciudad de Buenos Aires.

Caracterizamos que el 2015 se desenvuelve en un contexto de declinación del kirchnerismo tal cual lo conocimos y de emergencia de un nuevo consenso conservador. Los principales candidatos presidenciales – Scioli, Macri, Massa – marcan en dichos y hechos esa salida: la apertura a los mercados para conseguir inversiones, el endeudamiento, la participación activa en el 18F. Un giro a la derecha se expresa tanto en lo político como lo económico y marca un escenario pos 2015 de intentos de ofensiva conservadora de los de arriba.
Frente a este análisis desde Pueblo en Marcha consideramos que urge dar una respuesta en unidad, sin diluir las identidades y las tradiciones políticas de los sectores populares en lucha, sobre una base democrática, popular, anticapitalista amplia y unitaria.

Una izquierda anticapitalista por el poder popular

A las organizaciones políticas y sociales que provenimos del espacio de la “izquierda independiente” o “nueva izquierda” nos identificaron hasta aquí algunas coordenadas comunes: la apuesta a la construcción desde abajo, con mecanismos de democracia de base y asamblearios; la educación popular para la formación de nuestros compañeros y compañeras; la construcción de poder popular y la prefiguración, en nuestras prácticas y organizaciones, de la sociedad con la que soñamos y una definición estratégica anticapitalista, antipatriarcal, antimperialista y por el socialismo. A esto se le suma una caracterización de la importancia de los procesos más avanzados de América Latina y el vínculo estratégico con los movimientos populares del continente. Provenimos de las diferentes tradiciones del movimiento popular: el marxismo, el anarquismo, el peronismo revolucionario, el guevarismo, más los que se han incorporado a la militancia por otro mundo posible desde la práctica concreta, sin mayores adscripciones ideológicas.

En los últimos años hemos tenido una serie de debates sobre la participación electoral, sobre las tareas de la etapa y sobre las formas organizativas de nuestras herramientas políticas, entre otros puntos. Quienes conformamos Pueblo en Marcha entendemos lo electoral como un plano más de disputa, pero nos diferenciamos de quienes amparándose en la “vocación de poder”, confunden la lucha electoral con oportunismos, desdibujando todo perfil anticapitalista o radical.

La intervención electoral es un plano central de pelea en esta etapa del país y debe entenderse desde una perspectiva de “lucha de clases”: al servicio de la luchas, de la construcción de poder desde abajo, de la inserción en el movimiento popular así como de la disputa por la hegemonía política (ideológica y discursiva) contra los sectores dominantes.

Dos caras equivocadas de un debate político. Ni oportunismo ni subordinación: el desafío de construir un polo anticapitalista

Nuestra convocatoria a un “amplio polo de izquierda”, la valoración al Frente de Izquierda y el acuerdo político con el Partido Obrero e Izquierda Socialista para sumarnos en las listas y en la campaña del FIT en la CABA se sitúan en esta perspectiva. Creemos que un bloque político contrahegemónico sólo puede nutrirse de una variedad de tradiciones políticas, sensibilidades ideológicas y experiencias organizativas.

Mientras algunos sectores, como Patria Grande, nos critican por ingresar en “lugares subordinados” a las listas del FIT, otros critican que se abran las listas del FIT a sectores “chavistas” o “populistas”, como ha señalado el PTS. Por un lado, están las orientaciones que, con sus lógicas sectarias y autoproclamatorias, pueden desaprovechar nuevamente una oportunidad para convertir a la izquierda en un polo político de peso en la escena nacional. Por otro lado, Patria Grande, para justificar su táctica electoral, señala que su marca de alianzas es la forma de construir un amplio movimiento de masas popular, en contraposición a la política de Pueblo en Marcha.

Quienes construimos esta herramienta político electoral entendemos que es necesario construir una alternativa de masas, que se arraigue en las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo, que sostenga un planteo democrático radical en torno a una agenda de cambios feminista, ecologista y por el derecho a la ciudad. Y estamos convencidos y convencidas que la mejor contribución que podemos hacer a la construcción de esa alternativa es el fortalecimiento de un polo político de la izquierda, otorgando un carácter anticapitalista a esas aspiraciones populares.

El espacio político de la izquierda independiente, latinoamericana, popular o nueva izquierda tuvo una dispersión ante el debate electoral. Hoy numerosos movimientos comenzamos a reinstalar una identidad que nuclea a referentes sindicales combativos, movimientos barriales, organizaciones estudiantiles, intelectuales, luchadores y luchadoras y se para en la construcción de una izquierda anticapitalista por el poder popular.

Desde esta identidad damos un debate y llegamos a un acuerdo político con fuerzas del FIT, apelando a la necesidad de articular tradiciones políticas distintas. La izquierda anticapitalista tiene hoy visibilidad para millones y debe cuidar su capital político y potencialidad para articular un movimiento vivo y real e interpelar al movimiento popular en su conjunto. En este marco, otorgamos una responsabilidad al FIT: estamos ante la posibilidad de transformar a la izquierda en un polo político de peso, y para eso el Frente de Izquierda debe actuar en unidad y saber dar cuenta de la realidad de un movimiento popular plural. No se trata de mantener un “frente trotskista” con agrupaciones “nuevas” que llaman a votarlo sino de abrirse a un debate genuino y a un acuerdo político entre identidades distintas.

Para nosotros, la creciente relevancia de la lucha electoral es uno de los planos de disputa para consolidar una alternativa distinta. Acompaña y no reemplaza la centralidad de las luchas, la construcción por abajo y la perspectiva de ruptura con las instituciones actuales, en beneficio de instituciones nuevas, surgidas del poder popular.

Nuestra humilde opinión es que quienes luchamos cotidianamente por transformar radicalmente la sociedad en la que vivimos, debemos avanzar en la estratégica construcción de poder popular, en la lucha por mejores condiciones de vida para nuestro pueblo. Si olvidamos eso en el camino, podemos sumarnos a la lógica sistémica de los partidos políticos tradicionales.

Ni calco, ni copia, creación heroica

Quienes integramos Pueblo en Marcha valoramos los procesos más avanzados que se han dado en el continente, como en Venezuela y Bolivia y las experiencias de SYRIZA en Grecia y de PODEMOS en España. En cada uno de estos lugares, nuestra vinculación es con los movimientos sociales que se organizan desde las bases y construyen poder popular, desde el apoyo pero también desde la crítica. Nuestro acompañamiento se relaciona también con la capacidad de estos procesos para favorecer la organización autónoma de las clases populares. Reconocer un rol progresivo en el sentido global de tales procesos, no implica idealizar sus conducciones. Desde allí es que nuestra solidaridad es con quienes desde la movilización popular independiente van peleando por rupturas decisivas con el capitalismo.

Mientras el PTS cuestiona la “independencia de clase” de PeM por su apoyo al proceso bolivariano, Patria Grande nos considera “chavistas renegados”. Más allá de las chicanas inútiles, nuestra posición es clara: rescatamos las experiencias revolucionarias que intervienen en el proceso bolivariano pero no caemos en idealizaciones ingenuas ni buscamos proyectarlo descuidadamente sobre la experiencia argentina. Ni posiciones sectarias frente a los procesos de radicalización del continente, donde las organizaciones populares tienen posibilidades reales de acumular y consolidar proyectos políticos anticapitalistas, ni idealización para exportar un manual a nuestro país.

Valorar las experiencias de Bolivia y Venezuela, en donde entendemos que se han dado procesos radicales de avanzada, no implica replicarlos en Argentina. Ni calco ni copia, decía Mariategui, sino creación heroica. En ese sentido, creemos que hay que sintetizar tradiciones distintas, pero eso debe partir desde un piso anticapitalista y por el socialismo.

Hacia un encuentro de la izquierda por el poder popular

Los movimientos que crecimos al calor de la rebelión popular del 2001 priorizamos históricamente encontrarnos en la práctica, aprender en el hacer y construir confianzas en el camino de lucha y organización. Nuestro proyecto político nace de ahí, de la práctica cotidiana, de la construcción de otros valores en el día a día, en la construcción de poder popular. Actualmente, esa confianza construida en la experiencia común, es necesario fortalecerla con acuerdos políticos, estratégicos y metodológicos, claros para la construcción de una nueva izquierda anticapitalista, amplia y popular.

Cierto estancamiento del espacio de la “izquierda independiente” es producto de rupturas y debates que atravesaron al espacio. Hoy eso nos lleva al desafío de reorganizarnos frente a una nueva etapa, desde esa tradición y cultura que hemos sabido construir: la de una izquierda anticapitalista, democrática, antipatriarcal, antiimperialista, ecologista y por el socialismo, y que, desde una perspectiva de transformación radical va impulsando, aquí y ahora, esas experiencias prefigurativas de la sociedad que soñamos. Hacia allí esperamos caminar junto a muchos y muchas, con la posibilidad de convocar a un encuentro de la izquierda por el poder popular.

En el camino de construcción de una alternativa política popular, latinoamericana, anticapitalista, feminista, y por el poder popular, nos reencontramos con algunos y nos desencontramos con otros. Más allá de las diferencias en el plano político, esperamos encontrarnos en los debates y las luchas, sobre la base de la más amplia unidad, con todos los compañeros y compañeras que peleamos por un futuro más digno para nuestro pueblo trabajador.