Deconstruyendo mitos y haciendo justicia histórica en base al análisis comparado de las políticas públicas y el tratamiento estatal destinado a la población LGBT en el mundo.

Por Bruno Mattos: militante de Insurgência Babadeira, espacio LGBT de Insurgência, en el estado de Rio de Janeiro.

Traducción de Julia Levstein y Silvia Said Algaba para Democracia Socialista

A partir de la muerte del ex-jefe de Estado cubano y líder de la revolución comunista en aquel país, Fidel Castro, una contra propaganda difamatoria, poco verídica y desequilibrada emergió con fuerza. Pese a la paulatina desconstrucción del sentido común y la “envidia positiva” generada en aquellos que lentamente descubren o reconocen beneficios en el régimen cubano – como la universalidad en el acceso y la alta calidad de la salud y educación pública, desde la salud básica hasta la de alta complejidad, desde la educación básica hasta la superior, la potencia deportiva, la riqueza y diversidad cultural, la preservación del patrimonio ambiental, el avance en las investigaciones científicas en las más variadas áreas, la erradicación del hambre, del analfabetismo, de la mortalidad infantil, de enfermedades como el cólera y la tuberculosis que asolan a países del tercer mundo, así y todo frente al cobarde y criminoso embargo económico a una isla menor que el Estado de Río de Janeiro, con pocos recursos minerales y poca industrialización –,   uno de los temas que persiste en la nebulosa en la difamación a Cuba, sobre el cual la izquierda todavía patina, es su histórica persecución y criminalización a la población LGBT.

Antes de adentrarnos al tema y desmitificar la relación actual del Estado cubano con la población LGBT es necesario señalar que cuando el discurso de la LGBTfobia cubana surge de la boca de liberales y personas no LGBT, tanto como del discurso de homonacionalistas y de “activistas oenegeistas” del pink market, generalmente tiene la intención de instrumentalizar nuestro dolor y nuestro sufrimiento para la reproducción de nuestra opresión sectorial y exploración de clase. ¿Quién no ha visto a un hombre cis hétero seguidor de Bolsonaro[1], en un debate con una LGBT de izquierda, sugerirle ir a Cuba y “ver cómo las personas LGBT negras son tratadas allí? ¿O a una persona LGBT de clase media alta, llena de privilegios ante una población LGBT negra y pobre, reproducir cómo son perseguidas en el comunismo mientras que son libres unicornios saltarines y felices en el capitalismo?

Vamos a deconstruir históricamente algunos datos para acabar con el sentido común liberal y difamatorio que comete injusticias históricas contra Cuba:

Es cierto que Cuba persiguió la población LGBT en las primeras décadas de su Revolución, en los ‘50, ‘60 y ‘70, con un recrudecimiento en la década del ‘80 a partir de la epidemia de VIH, lo que llevó a la estigmatización, criminalización y persecución de la población LGBT en todo el mundo. Pero en los años 80 ese fue un proceso mundial, muy difundido en sectores reaccionarios y religiosos, en medios de comunicación y hasta en sectores científicos, atribuyendo la epidemia de VIH a la población LGBT. Se hablaba incluso de que el VIH era el castigo de Dios contra los homosexuales y por años y hasta hoy se alimenta la leyenda de que sólo las personas LGBT contraen VIH. No es por casualidad que uno de los sectores donde más se extendió la epidemia fue entre las parejas heterosexuales cristianas, tanto como en la juventud heterosexual.

La persecución comunista a la población LGBT en las décadas iniciales de la revolución cubana tienen que ver con una doble herencia: por un lado la formación patriarcal y machista de la colonización y dominación española, donde por mucho tiempo el asedio y la discriminación contra personas LGBT eran culturalmente aceptados y estimulados. Por otro lado el estalinismo soviético (como así también cierto arcaísmo bolchevique), con una interpretación confusa de la moral proletaria, que colocaba cualquier patrón de comportamiento no ortodoxo o poco común como un desvío burgués, que llevaba a los individuos a la decadencia moral, a la procrastinación, la indisciplina para con las tareas revolucionarias y por lo tanto a un comportamiento contra revolucionario que debía ser combatido para que la revolución no fuese derrotada. La misma lógica se aplica por ejemplo a la fuerte persecución, en los países comunistas de inspiración soviética, inclusive con pena de muerte, contra usuarios y traficantes de drogas prohibidas en los inicios del siglo XX – como el opio, la cocaína, el hachís y la marihuana –  y se aplicó a la destrucción de las bodegas y destilerías en los principios de la revolución bolchevique. Tales formas de comportamiento (variantes del comportamiento afectivo-sexual, consumo de drogas, entre otros), distraían y desviaban, según la lógica soviética, a los sujetos revolucionarios y los alejaban de la lucha, fortaleciendo el terreno para el debilitamiento del régimen y para la contra revolución. Existen hasta el día de hoy organizaciones comunistas que consideran el uso de drogas (en un debate desviado, moralista y poco científico acerca de las drogas) un factor de desmovilización de los trabajadores para las luchas anti sistémicas. Los campos de trabajo forzado cubanos eran vistos no sólo como una medida punitiva sino también espacios de “desintoxicación”, de “liberación” de patrones comportamentales degenerados y contra revolucionarios y ambientes en los que esos sujetos podían contribuir a través de su trabajo, de forma obligatoria, con la revolución, la manutención del régimen y las necesidades colectivas. Las llamadas UMAPs (Unidades Militares de Ayuda y Producción) no contenían sólo mano de obra LGTB. En verdad, la mayor parte de los que allí trabajaban de forma obligada eran hombres heterosexuales. Todo hombre cubano adulto estaba sujeto a ser enviado a una UMAP y no todos los hombres gays y bisexuales eran sometidos al trabajo forzado. El criterio para el envío de personas tenía que ver con su ocupación (médicos y profesores gays por ejemplo, por su trabajo considerado esencial, no eran enviados), con las prioridades de producción de la revolución cubana, con el cumplimiento de penas por crímenes políticos o comunes.

En la concepción comunista libertaria contemporánea, para la IV Internacional y demás organizaciones socialistas revolucionarias internacionalistas y interseccionales que reivindican que sólo hay socialismo con la libertad y sólo hay libertad con el socialismo, que reivindican las luchas anti opresión como táctica fundamental para la emancipación de la clase trabajadora y por lo tanto las luchas anti sistémicas económicas más generales, es evidente que los métodos aplicados por Cuba y por las Repúblicas Soviéticas fueron un absurdo, una injusticia y un error monumental.

Hecho el balance crítico sobre los errores cubanos en el tratamiento de las cuestiones ligadas a la orientación sexual e identidad de género de las personas, pasamos a ver cómo el resto del mundo (capitalista) trataba a la población LGTB en el mismo período.

En la misma época en que (parte) de la población LGBT iba a campos de trabajo forzado en Cuba o era expulsada del país, en Gran Bretaña era crimen ser LGTB. Algo que sólo cambió recientemente en términos históricos: los “actos homosexuales” dejaron de ser crimen en Inglaterra y Gales en 1967, en Escocia en 1980 y en Irlanda del Norte en 1982. Alan Turing, padre de la computación moderna y héroe de la Segunda Guerra Mundial al descifrar el sistema de codificación de comunicación nazi, fue un caso emblemático de la LGTBfobia de la Corona Británica. Fue castrado químicamente en 1952 por ser homosexual y tener una relación afectiva con un joven de 19 años, edad en la que muchos príncipes y princesas y miembros de la nobleza ya habían contraído matrimonio. Así fueron castigadas miles de personas LGTB en el Reino Unido, apenas por ser LGTB y sólo recién en el 2009 (!!!) la corona británica pidió perdón por ese crimen.

La población LGTB fue perseguida visiblemente en las mismas décadas que en Cuba, en EE.UU, la “meca de la libertad”, desde Nixon hasta Reagan – así como los hippies y los comunistas, el capitalismo también produjo su propia versión de patrones que desviaban del “sueño americano” y del ideal liberal de desenvolvimiento del régimen y de la nación. Así como en Cuba, los “actos homosexuales” estaban incluidos en ese patrón desviado que colocaba a las personas LGBT como ciudadanos de segunda clase, sujeta a la violencia social y estatal. Hasta el 2003 en varios estados americanos se criminalizaba la homosexualidad. La lucha de Stonewall sucedió en la ciudad más LGTB del mundo, Nueva York, en 1969 y aunque haya sido el caso más emblemático, por décadas permaneció la persecución de la policía contra personas LGBT, su cultura y modos de vida. Esto sucede hasta hoy en los estados y condados más conservadores, en incumplimiento de la legislación protectora creada para todo el territorio nacional a partir de 2003. El casamiento entre personas del mismo sexo en EE.UU recién fue aprobado por la Corte Suprema en el 2015 (en Brasil sucedió en el 2011), lo que desencadenó un recrudecimiento de una serie de leyes estatales verdaderamente LGBT-fóbicas, como la ley que veda la multa a establecimientos de salud que se negaran a atender parejas homosexuales por motivos de convicción religiosa en Mississipi a principios de este año. Hasta esa decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos, 14 estados todavía se negaban a reconocer la igualdad de derechos para las parejas homosexuales, la decisión todavía no es vinculante como en Brasil y todavía hay estados que no la llevaron a la práctica.

En países como Irlanda, los “actos homosexuales” dejaron de ser crimen en 1993, en Finlandia y en Austria en 1971, en Noruega en 1972, en Alemania en 1968, en la mayor parte de los países del este europeo a partir de la década del 90, en España desde 1979, en Australia desde 1994, en las Islas Caimán e Islas Vírgenes Británicas desde el año 2000, en Chile desde 1998, en Colombia desde 1981, en Ecuador desde 1997. Cuba por lo tanto no es un punto fuera de la curva en el escenario mundial en lo que se refiere al incumplimiento de los derechos humanos y garantías fundamentales de las personas LGBT, siendo descriminalizado y modificado el tratamiento a las personas LGBT paulatinamente a partir de 1979.

En la Rusia capitalista, miembro nato del Consejo de Seguridad de la ONU, como en numerosos países occidentales, en países africanos, asiáticos y del Oriente Medio sigue siendo considerado crimen ser LGBT y tener prácticas homosexuales. Todos son aliados de las potencias captalistas y de la OTAN, que no se manifiestan para criminalizar las persecuciones LGBT-fóbicas en esos países. Las manifestaciones por los derechos y ciudadanía de LGBT son fuertemente reprimidas por la policía, generando muertes y centenares de detenciones.

El mundo capitalista occidental hace la vista gorda y hasta hoy no es digno de capítulos en historiografía oficial del holocausto LGBT (ni del de gitanos ni comunistas) en la Alemania nazi. La población LGBT fue perseguida sistemáticamente en los años 60, 70, y 80 por las dictaduras latinoamericanas como también en España e Italia, solo que en vez de ser obligados a trabajo forzado o deportaciones, como en el caso cubano, fueron asesinados en esos países por la policía o por sus conciudadanos.

Incluso con toda la LGBT-fobia histórica mundial, atravesando todos los países y todos los regímenes políticos, estadistas como Reagan, Nixon, Churchill, la reina Isabel y tantos otros jefes de Estado y de Gobierno no ganan el mote de homofóbicos. Mote que no es falso, pero que tiene su recorte histórico. En una época en que en el mundo lo relacionado a este tema era equívoco y confuso, este proceso es parte de la agenda difamatoria y recargada contra Cuba. Un poco de estudio histórico comparado de la evolución de las luchas LGBT y de los derechos en el mundo demuestra que se trató de una imbecilidad general e irrestricta por prácticamente todas las naciones de los más variados regímenes políticos y económicos y que nada tiene que ver con la opción comunista. En general, aquellos que apuntan a la homofobia cubana no buscan promover los derechos y emancipación de las personas LGBT, sino la criminalización de la izquierda comunista y revolucionaria a través de recursos de contrapropaganda y desinformación.

En el 2009 Fidel reconoció la persecución cubana y la negación de derechos a la población LGBT durante las primeras décadas de la revolución cubana y declaró estar arrepentido, sostuvo que las personas no pueden ser diferenciadas por su orientación sexual, lamentó no haber tenido una postura diferente y atribuyó tal comportamiento a las tareas de combate contra revolucionarias. Desde los años ‘90, Cuba empezó a tolerar y aceptar la diversidad sexual con mucha más fuerza, cosa que no vemos hasta el día de hoy en Brasil, donde solamente en los años 2000, en especial en la década que vivimos, se puede observar una mayor emancipación de personas LGBT. Existen fondos y políticas públicas para combatir la LGBT-fobia en la isla comunista, cosa que prácticamente no existe en Brasil. Por ejemplo, Cuba fue pionera en desvincular la epidemia de VIH del comportamiento homosexual (a pesar de que el 70 % de la población cero positiva sea HSH – de hombres que tienen sexo con hombres), buscando una mejor comprensión de los fenómenos sociales subyacentes a la epidemia, corrigiendo otro enorme error histórico cubano: la segmentación en hospitales de cuarentena de los portadores del virus (independientemente de la orientación sexual) durante los años ‘90. Sin embargo, hoy es el país donde la epidemia del VIH está mejor controlada en el mundo, ya que fue uno de los primeros países en efectivizar el tratamiento gratuito – aunque aún no sea universal. Sobre esto es importante resaltar que la universalización de la distribución de medicamentos, sobre todo los más modernos, que vuelven a los portadores del virus indetectables en pocos meses, aún carece de insumos debido al criminal embargo que sufría Cuba hasta hace poco tiempo. Lo que sí existe es la distribución gratuita de preservativos, que no ocurre en el vecino EE.UU. Se distribuyen más de 100 millones de unidades por año, y los paquetes de algunos de los preservativos tienen la imagen de una pareja de homosexuales, además de los envases que representan parejas heterosexuales, un importante paso adelante en el reconocimiento de la diversidad sexual. La educación sexual se enseña en las escuelas, y desde un enfoque marcadamente anti machista y anti LGBT-fóbico en los últimos años. Cuba posee una de las investigaciones más avanzadas en la búsqueda de la cura del VIH. En el 2007 se instituyó el día Nacional de Combate a la Homofobia, como también la ley que prohíbe la discriminación LGBT-fóbica en los ambientes de trabajo. La reasignación sexual para las personas transgénero, fruto de la aprobación de la ley de identidad de género, es un derecho universal, política de salud pública, y se realiza en los hospitales públicos ¿En qué otro lugar del mundo pasa algo así? ¿Quizás solo en Suecia y de manera precaria en el propio Brasil vía SUS – con mucha resistencia de los sectores religiosos fundamentalistas que son también parte integrante de la élite capitalista nacional? Falta todavía avanzar en la legalización, en el reconocimiento jurídico del casamiento entre personas del mismo sexo, situación que se da de hecho en la sociedad cubana, aunque todavía no de derecho.

Para un análisis y un enfrentamiento serio de la LGBT-fobia en el mundo, en todas partes, es preciso que se desvinculen las lecturas que instrumentalizan las luchas y las capturan por falsos idearios de libertad e igualdad capitalista. Es preciso rechazar la mercantilización de las consignas de lucha y tener en cuenta los contextos históricos y culturales locales y globales, de forma comparada, para armar un cuadro general de avances y retrocesos y de tácticas exitosas en el campo de la consolidación y expansión de los derechos de la población LGBT, del combate sistemático a la LGBT-fobia y demás formas de discriminación.

Por lo tanto, Cuba reconoce su pasado LGBT-fóbico y se hace cargo de ello, avanzando en derechos a una velocidad mucho mayor que buena parte de las naciones capitalistas y signatarias de los tratados de derechos humanos internacionales del mundo – todavía bajo el imperio de Fidel, quien renunció solamente en 2008, seguido por su hermano Raúl. Pocos estadistas, si acaso alguno además de Fidel, tienen o tuvieron la oportunidad de revisar sus errores para con la comunidad LGBT. Tal vez la otra sea la Reina Isabel II del Reino Unido, en el poder durante más tiempo, sin ningún tipo de control, característica de los regímenes monárquicos y contrario al régimen cubano (donde la población acude a las urnas a elegir periódicamente a sus representantes locales, provinciales y nacionales) y con tantos o más delitos que Fidel en su haber, a quien nadie llama “dictadura homofóbica”.

 Por todo esto reivindicamos su historia.

¡Fidel, con todos sus errores y problemas, presente!

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[1] Miembro del Partido Progresista, es diputado federal desde 1991 por Río de Janeiro. Se afilió al Partido Social Cristiano para ser candidato a las elecciones presidenciales de 2018.